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Aztec Rebels: La travesía de un club de motociclistas Latinos encontrando un hogar en el Bronx

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Aztec Rebels: La travesía de un club de motociclistas Latinos encontrando un hogar en el Bronx

Jossiel Estefes, apodado Onex, se encuentra junto a su motocicleta en una estación de gasolina en Connecticut, durante un paseo el 17 de marzo de 2024.

Mayolo López Gutiérrez


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“Mira lo que construiste, comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, dijo Sergio García, el Sargento de Armas, a Andrés Lucero, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no respondió, pero sus ojos lo decían todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

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Era la cena de Thanksgiving, la celebración Acción de Gracias en el sur del Bronx en Nueva York. Los hombres traían puestos chalecos de cuero, emblemáticos del club Aztec Rebels, con los ojos puestos en la reunión.

Andrés Morales, fundador y ex presidente del club, se encuentra junto a los miembros del club durante su fiesta de Acción de Gracias en el South Bronx.

Andrés Morales, fundador y ex presidente del club, posa junto a los miembros del club durante la fiesta de Acción de Gracias celebrada en el sur del Bronx.

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The Aztec Rebels start their motors before departing on a night ride to a restaurant in the Bronx.g

Los Aztec Rebels encienden sus motores antes de emprender un paseo nocturno en el Bronx.

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Sergio García, conocido como "Toluco," bromea con su hijo afuera de "Mama Puebla," un restaurante mexicano en el Bronx, propiedad de uno de los Aztec Rebels.

Sergio García, conocido como Toluco”, bromea con su hijo frente a “Mamá Puebla”, un restaurante mexicano en el Bronx propiedad de uno de los Aztec Rebels.

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Cuando Andrés se quitó el gorro, su tatuaje de águila calva brilló bajo las luces tenues. Andrés bajó los escalones con la seguridad de una estrella de cine de la época dorada de Hollywood, caminando con paso firme hacia la reunión, sin apartar la mirada del lugar que tanto había trabajado para construir.

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Jossiel Estefes and her daughter pose for a portrait during a Thanksgiving party in the Bronx. He recently became an official in the club

Jossiel Estefes y su hija posan para un retrato durante la cena de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el sur del Bronx.

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Andrés fundó los Aztec Rebels junto a Eddie después de aprender sobre la cultura y las dinámicas de un club de motociclistas del Bronx llamado The Roadrunners. Juntos soñaron con crear un espacio donde pudieran escuchar su propia música, hablar su idioma y sentirse comprendidos.

– “Comencé a pasar tiempo con los Roadrunners cuando tenía 19 años. Eddie tenía 12 y me acompañaba a todos lados. Mi hermano creció en ese club. Siempre ha vivido la vida de un motociclista, así que, de alguna manera, aprendimos qué era un club de motociclistas. Por eso pudimos fundar nuestro propio club, basado en lo que realmente es un club,” dijo Eddie.

El club nació oficialmente en 2016, con solo cinco miembros fundadores. Después de decidir que el marrón sería su color distintivo y diseñar el emblema del águila azteca, los Aztec Rebels MC se expandieron rápidamente, alcanzando más de 20 miembros activos y cinco prospectos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island– La Isla, como la llaman con cariño.

Los Aztec Rebels bailan cumbia con sus seres queridos durante la fiesta de Acción de Gracias.

Los Aztec Rebels bailan cumbia con sus seres queridos durante la fiesta de Acción de Gracias en el South Bronx.

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Los niños duermen durante la cena de Thanksgiving de los Aztec Rebels en el South Bronx.

Los niños descansan durante la cena de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el sur del Bronx.

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Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos, y a través de un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”. A pesar de ser un club diverso, la mayoría de los Aztec Rebels son mexicanos, aunque entre ellos hay también algunos ecuatorianos y un hondureño.

Sergio García, conocido como Toluco, el Sargento de Armas de los Aztec Rebels, fuma su cigarro durante una fiesta de Acción de Gracias.

Sergio García, conocido como Toluco, el Sargento de Armas de los Aztec Rebels, fuma un cigarro mientras disfruta de la fiesta de Acción de Gracias.

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Cada uno de ellos tiene una historia única y una conexión distinta con México.

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– “Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto”, dijo Andrés Lucero, al recordar su travesía migratoria.

“Llegué en el ’86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15,000 habitantes en las montañas de Puebla. Empezaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

Los niños rompen una piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island el 24 de mayo de 2024.

Los niños rompen una piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de mayo de 2024.

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Los hijos de los Aztec Rebels saltan para recoger los dulces que cayeron después de romper una piñata.

Los hijos de los Aztec Rebels saltan al unísono para recoger los dulces que cayeron tras romper una piñata.

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Alfredo Ramírez, conocido como "Mad Max," recibe un pastel de cumpleaños durante una fiesta en Staten Island.

Alfredo Ramírez, conocido como “Mad Max”, recibe un pastel de cumpleaños durante una fiesta celebrada en Staten Island.

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“Vengo de un pueblo — nunca fui de la ciudad — así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época — el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, recordó Andres. En los años 80, el South Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior.

“Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo. Después de un par de años, era normal ver lo que estaba pasando”.

La inmigración mexicana a los Estados Unidos tiene una larga historia, remontándose a principios del siglo XX, cuando trabajadores agrícolas indocumentados viajaban para laborar en los campos de California. En la década de 1940, el programa Bracero formalizó el empleo de muchos de estos trabajadores, necesarios para suplir la demanda de mano de obra masculina durante la Segunda Guerra Mundial.

A lo largo del siglo, la práctica de jóvenes mexicanos migrando para trabajar en los Estados Unidos se volvió cada vez más común.

Andrés Lucero posa para un retrato junto a su Volkswagen Beetle el 21 de agosto de 2024.

Andrés Lucero posa para un retrato junto a su Volkswagen Beetle, el 21 de agosto de 2024.

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En 1980, había 39,000 personas de origen mexicano en el estado de Nueva York, y 10 años después, el censo registró un aumento anual del 8.8%. Muchos mexicanos encontraron un hogar y, junto con ello, crearon comunidades que les brindaron seguridad y pertenencia.

En 2020, Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con una Virgen de Guadalupe pintada en graffiti negro. Su hogar sigue siendo el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años 80.

X, conocido como Blank, el tesorero del club, se refleja en el espejo de una motocicleta antes de un paseo a Long Island el 25 de febrero de 2024.

Christian Pérez, tesorero del club, se refleja en el espejo de una motocicleta antes de un paseo a Long Island, el 25 de febrero de 2024.

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Algunos de los Aztec Rebels miran hacia un lago en Long Island durante un paseo.

Algunos de los Aztec Rebels contemplan en silencio el paisaje frente a un lago en Long Island durante un paseo.

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Eddie, el presidente, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztecs en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al fútbol con el F.C. Harlem, pasan tiempo con el club.

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– “La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, dijo Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y les transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas, las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X M.C”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición al escribir “Protegido por Aztec Rebels M.C.” en los chalecos de las mujeres.

Dentro de las reuniones de los Aztecs es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son hombres de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y gentiles con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos hombres que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en los Estados Unidos.

Cristopher Chacón, conocido como "Diablo," posa para un retrato durante un paseo a Long Island.

Diablo, posa para un retrato durante un paseo a Long Island.

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A sus 19 años, “Diablo” es el miembro más joven de los Aztecs. “Diablo” pidió que no utilizáramos su nombre completo debido a su estatus migratorio. La mayoría de los miembros ni siquiera saben su nombre real; lo llaman por el apodo que se ganó debido a su amor por la velocidad.

“Entré directo a la escuela secundaria y tuve muchas peleas. La gente trató de intimidarme porque no hablaba inglés, así que me defendí, y solo entonces los otros paisas me respetaron y empezaron a pasar tiempo conmigo”, recordó “Diablo”.

“Diablo” se destaca de los otros Aztecs por su figura delgada y juventud. Pero es uno más cuando se trata de peleas amistosas y la constante charla de chicos.

**”Mi madre me decía que las peleas en la secundaria no eran irrelevantes, pero significaban cuchillos y armas. Todos mis amigos iban a la misma escuela secundaria, pero yo no les dije y fui a una diferente. La mayoría de ellos ahora están en pandillas y algunos ya no están”, dijo mientras pasaba el rato al lado de un camión de comida que vende birria y tacos en una carretera de Connecticut.

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Andrés Lucero, fundador y ex presidente del club, dibuja el contorno del logo del club en la pared de su primer club en Hunts Point el 26 de mayo de 2024.

Andrés Lucero, fundador y ex presidente del club, dibuja el contorno del logo del club en la pared de su primer club en Hunts Point, el 26 de mayo de 2024.

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Miembros de los Aztec Rebels juegan al billar en su recién inaugurado club.

Miembros de los Aztec Rebels juégan al billar en su recién inaugurado club.

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Christian Perez holds his newborn at the Aztec Rebels recently opened clubhouse in Hunts Point, in the Bronx.

Christian Pérez sostiene a su bebe en la casa club recientemente inaugurada de los Aztec Rebels.

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Desde su fundación, en 2016, los Rebels se han reunido en sus apartamentos, garajes y sótanos, desde Yonkers hasta Staten Island– la isla.

A medida que sus números aumentaron, los oficiales al mando empezaron a buscar lugares potenciales para alquilar, principalmente en el sur del Bronx. Visitaron más de 20 lotes que podían usar, pero siempre fueron rechazados.

Este año, finalmente encontraron un lugar en una calle remota junto al mercado de Hunts Point – marketa –, como se le conoce entre la comunidad latina, en el Bronx.

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Eddie Lucero, presidente del club, posa para un retrato con sus gemelos, Eddie y Ethan, durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall's Island para los Aztec Rebels y sus familias.

Eddie Lucero, presidente del club, posa para un retrato junto a sus gemelos, Eddie y Ethan, durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, organizada para los Aztec Rebels y sus familias.

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Para celebrar su nuevo hogar, Eddie convocó a una reunión de emergencia en el nuevo lugar sin revelar la sorpresa. Todos los hombres respondieron al llamado. Llegaron pensando que su presidente estaba en peligro. Subieron las escaleras sin quitarse los cascos, listos para cualquier cosa. Y ahí estaba Eddie: “Bienvenidos a su nueva casa”.

En las siguientes semanas, remodelaron el espacio con sus propias manos. La mayoría había trabajado en construcción, por lo que no fue difícil para ellos. Añadieron una clásica mesa de billar y futbolito, y un televisor, donde vieron la final de la liga mexicana de fútbol entre el Club América y Cruz Azul.

– “Hay una manera diferente de hacer las cosas. No tienes que seguir un camino recto. Rompimos el molde siendo motociclistas mexicanos en Nueva York. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande,” concluyó Eddie.

Sergio Garcia "Toluco" and Carlos Villatoro look at the skyline from the rooftop of the Aztec Rebels recently opened clubhouse in Hunts Point, in the Bronx.

Sergio Garcia y Carlos Villatoro observan el horizonte desde la azotea de la recién inaugurada sede de los Aztec Rebels en Hunts Point, Bronx.

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Los Aztec Rebels se encuentran frente a su recién inaugurado club en el vecindario de Hunts Point en el Bronx, el 26 de mayo de 2024.

Los Aztec Rebels se encuentran frente a su recién inaugurado club en el vecindario de Hunts Point en el Bronx, el 26 de mayo de 2024.

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Marcas de derrape dejadas en un estacionamiento durante un paseo a Long Island.

Marcas de derrape quedan estampadas en el pavimento de un estacionamiento durante un paseo a Long Island.

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Mayolo López Gutiérrez

Mayolo López es un fotoperiodista radicado en la Ciudad de México. Puedes ver más de su trabajo en su sitio web, mayolopezgutierrez.com, o en Instagram en @fotomayo.

Edición de fotos por Virginia Lozano. Edición de texto por Estefania Mitre.

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‘American Classic’ is a hidden gem that gets even better as it goes

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‘American Classic’ is a hidden gem that gets even better as it goes

Kevin Kline plays actor Richard Bean, and Laura Linney is his sister-in-law Kristen, in American Classic.

David Giesbrecht/MGM+


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David Giesbrecht/MGM+

American Classic is a hidden gem, in more ways than one. It’s hidden because it’s on MGM+, a stand-alone streaming service that, let’s face it, most people don’t have. But MGM+ is available without subscription for a seven-day free trial, on its website or through Prime Video and Roku. And you should find and watch American Classic, because it’s an absolutely charming and wonderful TV jewel.

Charming, in the way it brings small towns and ordinary people to life, as in Northern Exposure. Wonderful, in the way it reflects the joys of local theater productions, as in Slings & Arrows, and the American Playhouse production of Kurt Vonnegut’s Who Am I This Time?

The creators of American Classic are Michael Hoffman and Bob Martin. Martin co-wrote and co-created Slings & Arrows, so that comparison comes easily. And back in the early 1980s, Who Am I This Time? was about people who transformed onstage from ordinary citizens into extraordinary performers. It’s a conceit that works only if you have brilliant actors to bring it to life convincingly. That American Playhouse production had two young actors — Christopher Walken and Susan Sarandon — so yes, it worked. And American Classic, with its mix of veteran and young actors, does, too.

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American Classic begins with Kevin Kline, as Shakespearean actor Richard Bean, confronting a New York Times drama critic about his negative opening-night review of Richard’s King Lear. The next day, Richard’s agent, played by Tony Shalhoub, calls Richard in to tell him his tantrum was captured by cellphone and went viral, and that he has to lay low for a while.

Richard returns home to the small town of Millersburg, Pa., where his parents ran a local theater. Almost everyone we meet is a treasure. His father, who has bouts of dementia, is played by Len Cariou, who starred on Broadway in Sweeney Todd. Richard’s brother, Jon, is played by Jon Tenney of The Closer, and his wife, Kristen, is played by the great Laura Linney, from Ozark and John Adams.

Things get even more complicated because the old theater is now a dinner theater, filling its schedule with performances by touring regional companies. Its survival is at risk, so Richard decides to save the theater by mounting a new production of Thornton Wilder’s Our Town, casting the local small-town residents to play … local small-town residents.

Miranda, Richard’s college-bound niece, continues the family theatrical tradition — and Nell Verlaque, the young actress who plays her, has a breakout role here. She’s terrific — funny, touching, totally natural. And when she takes the stage as Emily in Our Town, she’s heart-wrenching. Playwright Wilder is served magnificently here — and so is William Shakespeare, whose works and words Kline tackles in more than one inspirational scene in this series.

I don’t want to reveal too much about the conflicts, and surprises, in American Classic, but please trust me: The more episodes you watch, the better it gets. The characters evolve, and go in unexpected directions and pairings. Kline’s Richard starts out thinking about only himself, but ends up just the opposite. And if, as Shakespeare wrote, the play’s the thing, the thing here is, the plays we see, and the soliloquies we hear, are spellbinding.

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And there’s plenty of fun to be had outside the classics in American Classic. The table reads are the most delightful since the ones in Only Murders in the Building. The dinner-table arguments are the most explosive since the ones in The Bear. Some scenes are take-your-breath-away dramatic. Others are infectiously silly, as when Richard works with a cast member forced upon him by the angel of this new Our Town production.

Take the effort to find, and watch, American Classic. It’ll remind you why, when it’s this good, it’s easy to love the theater. And television.

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The L.A. coffee shop is for wearing Dries Van Noten head to toe

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The L.A. coffee shop is for wearing Dries Van Noten head to toe

The ritual of meeting up and hanging out at a coffee shop in L.A. is a showcase of style filled with a subtle site-specific tension. Don’t you see it? Comfort battles formality fighting to break free. Hiding out chafes against being perceived. In the end, we make ourselves at home at all costs — and pull a look while doing it.

It’s the morning after a night out. Two friends meet up at Chainsaw in Melrose Hill, the cafe with the flan lattes, crispy arepas and sorbet-colored wall everybody and their mom has been talking about.

Miraculously, the line of people that usually snakes down Melrose yearning for a slice of chef Karla Subero Pittol’s passion lime fruit icebox pie is nonexistent today. Thank God, because the party was sick last night — the DJ mixed Nelly Furtado’s “Promiscuous” into Peaches’ “F— the Pain Away” and the walls were sweating — so making it to the cafe’s front door alone is like wading through viscous, knee-high water. Senses dull and blunt in that special way where it feels like your brain is wearing a weighted vest. The sun, an oppressor. Caffeine needed via IV drip.

The mood: “Don’t look at me,” as they look around furtively, still waking up. “But wait, do. I’m wearing the new Dries Van Noten from head to toe.”

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Daniel and Sirena wearing Dries Van Noten

Daniel, left, wears Dries Van Noten mac, henley, pants, oxford shoes, necklace and socks. Sirena wears Dries Van Noten blouse, micro shorts, sneakers, shell charm necklace, cuff and bag and Los Angeles Apparel socks.

Image March 2026 Loitering at Dries stills
Daniel and Sirena wearing Dries Van Noten

If a fit is fire and no one is around to see it, does it make a sound? A certain kind of L.A. coffee shop is (blessedly) one of the few everyday runways we have, followed up by the Los Feliz post office and the Alvarado Car Wash in Echo Park. We come to a coffee shop like Chainsaw for strawberry matchas the color of emeralds and rubies and crackling papas fritas that come with a tamarind barbecue sauce so good it may as well be categorized as a Schedule 1. But we stay for something else.

There is a game we play at the L.A. coffee shop. We’re all in on it — the deniers especially. It can best be summed up by that mood: “Don’t look at me. But wait, do.” Do. Do. Do. Do. We go to a coffee shop to see each other, to be seen. And we pretend we’re not doing it. How cute. Yes, I’m peering at you from behind my hoodie and my sunglasses but the hoodie is a niche L.A. brand and the glasses are vintage designer. I wore them just for you. One time I was sitting at what is to me amazing and to some an insufferable coffee shop in the Arts District where a regular was wearing a headpiece made entirely of plastic sunglasses that covered every inch of his face — at least a foot long in all directions — jangling with every movement he made. Respect, I thought.

Dries Van Noten’s spring/summer 2026 collection feels so right in a place like this. The women’s show, titled “Wavelength,” is about “balancing hard and soft, stiff and fluid, casual and refined, simple and complex,” writes designer Julian Klausner in the show notes. While for the men’s show, titled “A Perfect Day,” Klausner contextualizes: “A man in love, on a stroll at the beach at dawn, after a party. Shirt unbuttoned, sleeves rolled up, the silhouette takes on a new life. I asked myself: What is formal? What is casual? How do these feel?” What is formal or casual? How do you balance hard and soft? The L.A. coffee shop is a container for this spectrum. A dynamic that works because of the tension. A master class in this beautiful dance. There is no more fitting place to wear the SS26 Dries beige tuxedo jacket with heather gray capri sweats and pink satin boxing boots, no better audience for the floor-length striped sheer gown worn with satin sneakers — because even though no one will bat an eye, you trust that your contribution has been clocked and appreciated.

Daniel wears Dries Van Noten coat, shorts, sneakers and socks. Sirena wears Dries Van Noten jacket, micro shorts and sneakers

Daniel wears Dries Van Noten coat, shorts, sneakers and socks. Sirena wears Dries Van Noten jacket, micro shorts and sneakers.

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Image March 2026 Loitering at Dries stills
Image March 2026 Loitering at Dries
Daniel wears Dries Van Noten coat, shorts, sneakers and socks. Sirena wears Dries Van Noten jacket, micro shorts and sneakers

Back at Chainsaw the friends drink their iced lattes, they eat their beautiful chocolate milk tres leches in a coupe. They’re revived — buzzing, even; at the glorious point in the caffeinated beverage where everything is beautiful, nothing hurts and at least one of them feels like a creative genius. The longer they stay, the more their style reveals itself. Before they were flexing in a secret way. Now they’re just flexing. Looking back at you looking at them, the contract understood. Doing it for the show. Wait, when did they change? How long have they been here? It doesn’t matter. They have all day. Time ceases to exist in a place like this.

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Daniel wears Dries Van Noten tuxedo coat, pants, scarf, sneakers and necklace and Hanes tank top. Sirena wears Dries Van Note

Daniel wears Dries Van Noten tuxedo coat, pants, scarf, sneakers and necklace and Hanes tank top. Sirena wears Dries Van Noten jacket, micro shorts, sneakers and socks.

Image March 2026 Loitering at Dries stills
Image March 2026 Loitering at Dries stills
Image March 2026 Loitering at Dries stills
Image March 2026 Loitering at Dries

Creative direction Julissa James
Photography and video direction Alejandra Washington
Styling Keyla Marquez
Hair and makeup Jaime Diaz
Cinematographer Joshua D. Pankiw
1st AC Ruben Plascencia
Gaffer Luis Angel Herrera
Production Mere Studios
Styling assistant Ronben
Production assistant Benjamin Turner
Models Sirena Warren, Daniel Aguilera
Location Chainsaw
Special thanks Kevin Silva and Miguel Maldonado from Next Management

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Nature needs a little help in the inventive Pixar movie ‘Hoppers’ : Pop Culture Happy Hour

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Nature needs a little help in the inventive Pixar movie ‘Hoppers’ : Pop Culture Happy Hour

Piper Curda as Mabel in Hoppers.

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In Disney and Pixar’s delightful new film Hoppers, a young woman (Piper Curda) learns a beloved glade is under threat from the town’s slimy mayor (Jon Hamm). But luckily, she discovers that her college professor has developed technology that can let her live as one of the critters she loves – by allowing her mind to “hop” into an animatronic beaver. And it just might just allow her to help save the glade from serious risk of destruction.

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