Connect with us

Lifestyle

Aztec Rebels: La travesía de un club de motociclistas Latinos encontrando un hogar en el Bronx

Published

on

Aztec Rebels: La travesía de un club de motociclistas Latinos encontrando un hogar en el Bronx

Jossiel Estefes, apodado Onex, se encuentra junto a su motocicleta en una estación de gasolina en Connecticut, durante un paseo el 17 de marzo de 2024.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

“Mira lo que construiste, comenzamos con cuatro cabrones y ahora mira esto”, dijo Sergio García, el Sargento de Armas, a Andrés Lucero, señalando la fiesta llena de gente, con niños corriendo por todas partes y mujeres charlando en una de las mesas.

Andrés no respondió, pero sus ojos lo decían todo: el orgullo de ver su sueño hecho realidad, rodeado de amigos que se habían convertido en familia.

Advertisement

Era la cena de Thanksgiving, la celebración Acción de Gracias en el sur del Bronx en Nueva York. Los hombres traían puestos chalecos de cuero, emblemáticos del club Aztec Rebels, con los ojos puestos en la reunión.

Andrés Morales, fundador y ex presidente del club, se encuentra junto a los miembros del club durante su fiesta de Acción de Gracias en el South Bronx.

Andrés Morales, fundador y ex presidente del club, posa junto a los miembros del club durante la fiesta de Acción de Gracias celebrada en el sur del Bronx.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Advertisement

Mayolo López Gutiérrez

The Aztec Rebels start their motors before departing on a night ride to a restaurant in the Bronx.g

Los Aztec Rebels encienden sus motores antes de emprender un paseo nocturno en el Bronx.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

aztec rebels 4 404.gif
Sergio García, conocido como "Toluco," bromea con su hijo afuera de "Mama Puebla," un restaurante mexicano en el Bronx, propiedad de uno de los Aztec Rebels.

Sergio García, conocido como Toluco”, bromea con su hijo frente a “Mamá Puebla”, un restaurante mexicano en el Bronx propiedad de uno de los Aztec Rebels.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Cuando Andrés se quitó el gorro, su tatuaje de águila calva brilló bajo las luces tenues. Andrés bajó los escalones con la seguridad de una estrella de cine de la época dorada de Hollywood, caminando con paso firme hacia la reunión, sin apartar la mirada del lugar que tanto había trabajado para construir.

Advertisement
Jossiel Estefes and her daughter pose for a portrait during a Thanksgiving party in the Bronx. He recently became an official in the club

Jossiel Estefes y su hija posan para un retrato durante la cena de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el sur del Bronx.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

Andrés fundó los Aztec Rebels junto a Eddie después de aprender sobre la cultura y las dinámicas de un club de motociclistas del Bronx llamado The Roadrunners. Juntos soñaron con crear un espacio donde pudieran escuchar su propia música, hablar su idioma y sentirse comprendidos.

– “Comencé a pasar tiempo con los Roadrunners cuando tenía 19 años. Eddie tenía 12 y me acompañaba a todos lados. Mi hermano creció en ese club. Siempre ha vivido la vida de un motociclista, así que, de alguna manera, aprendimos qué era un club de motociclistas. Por eso pudimos fundar nuestro propio club, basado en lo que realmente es un club,” dijo Eddie.

El club nació oficialmente en 2016, con solo cinco miembros fundadores. Después de decidir que el marrón sería su color distintivo y diseñar el emblema del águila azteca, los Aztec Rebels MC se expandieron rápidamente, alcanzando más de 20 miembros activos y cinco prospectos provenientes de todos los condados de Nueva York. La mayoría de ellos vive en el Bronx y Staten Island– La Isla, como la llaman con cariño.

Los Aztec Rebels bailan cumbia con sus seres queridos durante la fiesta de Acción de Gracias.

Los Aztec Rebels bailan cumbia con sus seres queridos durante la fiesta de Acción de Gracias en el South Bronx.

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement
Los niños duermen durante la cena de Thanksgiving de los Aztec Rebels en el South Bronx.

Los niños descansan durante la cena de Acción de Gracias de los Aztec Rebels en el sur del Bronx.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

2AR.gif

Cada miembro pasa por un proceso de iniciación que a veces dura años. Comienza con una invitación, luego se convierten en prospectos, y a través de un padrino, aprenden las reglas del club antes de recibir los tres parches distintivos en su chaleco.

Un volante del club dice: “Aceptamos todas las nacionalidades. No necesitas una motocicleta para entrar, pero esperamos que eventualmente consigas una”. A pesar de ser un club diverso, la mayoría de los Aztec Rebels son mexicanos, aunque entre ellos hay también algunos ecuatorianos y un hondureño.

Sergio García, conocido como Toluco, el Sargento de Armas de los Aztec Rebels, fuma su cigarro durante una fiesta de Acción de Gracias.

Sergio García, conocido como Toluco, el Sargento de Armas de los Aztec Rebels, fuma un cigarro mientras disfruta de la fiesta de Acción de Gracias.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Cada uno de ellos tiene una historia única y una conexión distinta con México.

Advertisement

– “Para mí, el viaje hasta aquí fue más un juego, una aventura a través del desierto”, dijo Andrés Lucero, al recordar su travesía migratoria.

“Llegué en el ’86 y siempre he estado buscando la oportunidad de mejorar mi situación, incluso cuando era niño. Tenía 12 años, y para mí era algo normal. No veía el peligro en ese entonces, pero si tuviera que hacerlo de nuevo, tendría mucho miedo, porque he escuchado muchas historias de terror de los migrantes recientes”. Sus padres llegaron cinco años antes, desde Piaxtla, un pueblo de 15,000 habitantes en las montañas de Puebla. Empezaron una fábrica de telas en el norte de Manhattan y se establecieron en un apartamento en Southern Boulevard, en el Bronx.

Los niños rompen una piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island el 24 de mayo de 2024.

Los niños rompen una piñata durante una fiesta de cumpleaños en Staten Island, el 24 de mayo de 2024.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Los hijos de los Aztec Rebels saltan para recoger los dulces que cayeron después de romper una piñata.

Los hijos de los Aztec Rebels saltan al unísono para recoger los dulces que cayeron tras romper una piñata.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Alfredo Ramírez, conocido como "Mad Max," recibe un pastel de cumpleaños durante una fiesta en Staten Island.

Alfredo Ramírez, conocido como “Mad Max”, recibe un pastel de cumpleaños durante una fiesta celebrada en Staten Island.

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

“Vengo de un pueblo — nunca fui de la ciudad — así que fue un cambio muy drástico llegar aquí y ver a tanta gente. Especialmente en esa época — el Bronx estaba en medio de la pandemia de drogas: crack”, recordó Andres. En los años 80, el South Bronx aún llevaba las cicatrices de los incendios que arrasaron barrios enteros durante la década anterior.

“Había muchos edificios quemados. Parecía una zona de guerra. Había mucha gente consumiendo drogas en las calles. Sin embargo, me adapté rápido. Al final, no me asustaba; simplemente tenía que acostumbrarme a todo. Después de un par de años, era normal ver lo que estaba pasando”.

La inmigración mexicana a los Estados Unidos tiene una larga historia, remontándose a principios del siglo XX, cuando trabajadores agrícolas indocumentados viajaban para laborar en los campos de California. En la década de 1940, el programa Bracero formalizó el empleo de muchos de estos trabajadores, necesarios para suplir la demanda de mano de obra masculina durante la Segunda Guerra Mundial.

A lo largo del siglo, la práctica de jóvenes mexicanos migrando para trabajar en los Estados Unidos se volvió cada vez más común.

Andrés Lucero posa para un retrato junto a su Volkswagen Beetle el 21 de agosto de 2024.

Andrés Lucero posa para un retrato junto a su Volkswagen Beetle, el 21 de agosto de 2024.

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

En 1980, había 39,000 personas de origen mexicano en el estado de Nueva York, y 10 años después, el censo registró un aumento anual del 8.8%. Muchos mexicanos encontraron un hogar y, junto con ello, crearon comunidades que les brindaron seguridad y pertenencia.

En 2020, Andrés entregó la presidencia del club a su hermano Eddie y pasó a gestionar una tienda de abarrotes en la Tercera Avenida, que también funciona como su estudio de tatuajes. La parte trasera del local está decorada con una Virgen de Guadalupe pintada en graffiti negro. Su hogar sigue siendo el edificio de apartamentos en el que se establecieron sus padres en los años 80.

X, conocido como Blank, el tesorero del club, se refleja en el espejo de una motocicleta antes de un paseo a Long Island el 25 de febrero de 2024.

Christian Pérez, tesorero del club, se refleja en el espejo de una motocicleta antes de un paseo a Long Island, el 25 de febrero de 2024.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Algunos de los Aztec Rebels miran hacia un lago en Long Island durante un paseo.

Algunos de los Aztec Rebels contemplan en silencio el paisaje frente a un lago en Long Island durante un paseo.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

Advertisement

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

AR-3.gif

Eddie, el presidente, es una figura imponente, con una postura casi militar, fruto de su formación en seguridad privada y su vida dentro del club. Junto con cinco oficiales a su mando, mantiene a los Aztecs en movimiento. A pesar de su seriedad, Eddie también es un hombre de familia. Es padre de gemelos adolescentes que, cuando no están jugando al fútbol con el F.C. Harlem, pasan tiempo con el club.

Advertisement

– “La gente siempre busca una familia, y por eso, a veces, se meten en pandillas. Nosotros queremos ser ese lugar donde los mexicanos puedan venir, estar en un ambiente seguro, sin violencia, pero con una familia”, dijo Eddie.

En casa, como parte de un tipo de entrenamiento, Eddie les cuenta a sus hijos sobre las decisiones difíciles que a veces debe tomar como presidente y les pregunta qué harían ellos. Así, les explica y les transmite el valor más importante del club: el valor de la familia. También es el más amigable del grupo cuando juega con los hijos de otros miembros. Eddie es querido y respetado por todos.

Los motociclistas cargan con muchos estigmas y estereotipos de machismo y misoginia, a veces respaldados por tradiciones arraigadas y prácticas cuestionables. Para ilustrarlo, en la mayoría de los clubes de motociclistas, las esposas y novias del grupo usan chalecos que dicen “Propiedad de X M.C”. Como presidente, Eddie rompió con esa tradición al escribir “Protegido por Aztec Rebels M.C.” en los chalecos de las mujeres.

Dentro de las reuniones de los Aztecs es necesario ver más allá de los chalecos y los estereotipos que rodean la cultura de las motocicletas. Aunque puedan parecer rudos por fuera, los hombres que forman esta comunidad son hombres de familia responsables, que también pueden ser cariñosos y gentiles con sus hijos. El club también proporciona una familia a aquellos hombres que, en algunos casos, dejaron atrás a sus familias y comenzaron una vida completamente por su cuenta en los Estados Unidos.

Cristopher Chacón, conocido como "Diablo," posa para un retrato durante un paseo a Long Island.

Diablo, posa para un retrato durante un paseo a Long Island.

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

A sus 19 años, “Diablo” es el miembro más joven de los Aztecs. “Diablo” pidió que no utilizáramos su nombre completo debido a su estatus migratorio. La mayoría de los miembros ni siquiera saben su nombre real; lo llaman por el apodo que se ganó debido a su amor por la velocidad.

“Entré directo a la escuela secundaria y tuve muchas peleas. La gente trató de intimidarme porque no hablaba inglés, así que me defendí, y solo entonces los otros paisas me respetaron y empezaron a pasar tiempo conmigo”, recordó “Diablo”.

“Diablo” se destaca de los otros Aztecs por su figura delgada y juventud. Pero es uno más cuando se trata de peleas amistosas y la constante charla de chicos.

**”Mi madre me decía que las peleas en la secundaria no eran irrelevantes, pero significaban cuchillos y armas. Todos mis amigos iban a la misma escuela secundaria, pero yo no les dije y fui a una diferente. La mayoría de ellos ahora están en pandillas y algunos ya no están”, dijo mientras pasaba el rato al lado de un camión de comida que vende birria y tacos en una carretera de Connecticut.

AR-1.gif
Andrés Lucero, fundador y ex presidente del club, dibuja el contorno del logo del club en la pared de su primer club en Hunts Point el 26 de mayo de 2024.

Andrés Lucero, fundador y ex presidente del club, dibuja el contorno del logo del club en la pared de su primer club en Hunts Point, el 26 de mayo de 2024.

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement
Miembros de los Aztec Rebels juegan al billar en su recién inaugurado club.

Miembros de los Aztec Rebels juégan al billar en su recién inaugurado club.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

Christian Perez holds his newborn at the Aztec Rebels recently opened clubhouse in Hunts Point, in the Bronx.

Christian Pérez sostiene a su bebe en la casa club recientemente inaugurada de los Aztec Rebels.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Advertisement

Mayolo López Gutiérrez

Desde su fundación, en 2016, los Rebels se han reunido en sus apartamentos, garajes y sótanos, desde Yonkers hasta Staten Island– la isla.

A medida que sus números aumentaron, los oficiales al mando empezaron a buscar lugares potenciales para alquilar, principalmente en el sur del Bronx. Visitaron más de 20 lotes que podían usar, pero siempre fueron rechazados.

Este año, finalmente encontraron un lugar en una calle remota junto al mercado de Hunts Point – marketa –, como se le conoce entre la comunidad latina, en el Bronx.

Advertisement
Eddie Lucero, presidente del club, posa para un retrato con sus gemelos, Eddie y Ethan, durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall's Island para los Aztec Rebels y sus familias.

Eddie Lucero, presidente del club, posa para un retrato junto a sus gemelos, Eddie y Ethan, durante una búsqueda de huevos de Pascua en Randall’s Island, organizada para los Aztec Rebels y sus familias.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

Para celebrar su nuevo hogar, Eddie convocó a una reunión de emergencia en el nuevo lugar sin revelar la sorpresa. Todos los hombres respondieron al llamado. Llegaron pensando que su presidente estaba en peligro. Subieron las escaleras sin quitarse los cascos, listos para cualquier cosa. Y ahí estaba Eddie: “Bienvenidos a su nueva casa”.

En las siguientes semanas, remodelaron el espacio con sus propias manos. La mayoría había trabajado en construcción, por lo que no fue difícil para ellos. Añadieron una clásica mesa de billar y futbolito, y un televisor, donde vieron la final de la liga mexicana de fútbol entre el Club América y Cruz Azul.

– “Hay una manera diferente de hacer las cosas. No tienes que seguir un camino recto. Rompimos el molde siendo motociclistas mexicanos en Nueva York. Puedes ser íntegro y ser un hombre de familia. Y puedes ser más que solo un motociclista. Puedes ser un líder en tu comunidad y ayudar a todos siendo parte de algo grande,” concluyó Eddie.

Sergio Garcia "Toluco" and Carlos Villatoro look at the skyline from the rooftop of the Aztec Rebels recently opened clubhouse in Hunts Point, in the Bronx.

Sergio Garcia y Carlos Villatoro observan el horizonte desde la azotea de la recién inaugurada sede de los Aztec Rebels en Hunts Point, Bronx.

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement
Los Aztec Rebels se encuentran frente a su recién inaugurado club en el vecindario de Hunts Point en el Bronx, el 26 de mayo de 2024.

Los Aztec Rebels se encuentran frente a su recién inaugurado club en el vecindario de Hunts Point en el Bronx, el 26 de mayo de 2024.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Mayolo López Gutiérrez

Advertisement

Marcas de derrape dejadas en un estacionamiento durante un paseo a Long Island.

Marcas de derrape quedan estampadas en el pavimento de un estacionamiento durante un paseo a Long Island.

Mayolo López Gutiérrez


hide caption

toggle caption

Advertisement

Mayolo López Gutiérrez

Mayolo López es un fotoperiodista radicado en la Ciudad de México. Puedes ver más de su trabajo en su sitio web, mayolopezgutierrez.com, o en Instagram en @fotomayo.

Edición de fotos por Virginia Lozano. Edición de texto por Estefania Mitre.

Advertisement

Lifestyle

‘The Invite’ is a marriage comedy with sex and heart

Published

on

‘The Invite’ is a marriage comedy with sex and heart
What happens when a simple dinner party goes off the rails? That’s the premise of The Invite, a very good new comedy directed by Olivia Wilde. Wilde also stars alongside Seth Rogen as a couple who invite their neighbors over for a meal, played by Penelope Cruz and Edward Norton. And it’s a heck of a dinner party, full of frank talk about sex and its complications.If you like slightly absurd relationship comedies, check out these episodes:’Mr. & Mrs. Smith’ is a stylish take on spy marriageIn Tina Fey’s ‘The Four Seasons,’ marriage is far from a vacationConnect with Pop Culture Happy Hour:Letterboxd / FacebookOur weekly newsletterSupport Pop Culture Happy Hour+
Continue Reading

Lifestyle

L.A. Affairs: It’s hot when a man drives to me. But would this new guy make the trek from the Valley?

Published

on

L.A. Affairs: It’s hot when a man drives to me. But would this new guy make the trek from the Valley?

I met Dan on Hinge.

He lives in Woodland Hills, and I live in Venice. In Los Angeles, this is considered a long-distance relationship. In another city it might be nothing. Here, it’s a factor.

But I believe that with the right person, you can make anything work, so I stay open. I’m a native New Yorker, and if I were living in Brooklyn and a guy lived on the Upper West Side, that would be a 45-minute subway ride, which is truly nothing in New York. So with that same logic, I try to have flexibility with men in L.A.

When we started planning our first date, Dan suggested three options: a hike on mushrooms, a wine tasting or a walk on the beach.

Advertisement

A hike on mushrooms is something I’d only do with someone I already trust, not someone I just met online. I don’t do first-date hikes because I don’t like feeling trapped if the guy’s a dud. So I chose the wine tasting.

Then I learned the wine tasting was in West Hills.

On a Friday night, driving there from Venice would be insane. So I said I didn’t want to meet there because of the traffic. He suggested Malibu. That was also not ideal on a Friday.

I was getting annoyed — this was a pink flag because in my dating world, the guy is supposed to come to the woman’s neighborhood in the early days. I’ve gone out with plenty of men from the Valley who effortlessly suggested they come to me. It’s not rare or impossible.

I suggested he come to the Westside. I didn’t specifically say Venice, and in hindsight, I probably should have. He landed on Brentwood, which was manageable for both of us. On our first date, we met at an Irish pub on Wilshire Boulevard. He was cuter and more interesting than I had expected, and with the Guinness flowing, we had fun.

Advertisement

When I got home, he texted me: “Well, I like you 🙂 Less the tik tok and the lack of rock music in your life, but it’s not a deal breaker — there are other qualities 🙂 What are your thoughts?”

I noticed the slight negativity but was mostly dazzled that a man texted immediately after the date to say he liked me. In the modern dating economy, this felt rare.

The next day, both of our evening plans fell through, so we made a last-minute date. The wine tasting he originally suggested still sounded like fun, and although it meant me driving to the Valley, I was up for it now that we’d met.

We sipped flights at Malibu Wines & Beer Garden in its airy, romantic courtyard and played a flirty version of Truth or Dare. Halfway through, he dared me to kiss him.

We ended with sushi on Ventura Boulevard and a short make-out session in his car. He invited me to Thanksgiving at his uncle’s, which felt too soon, but also sweet.

Advertisement

After the second date, he texted and said he had his kids that week and was also hosting an event on Thursday, so his only day to meet was Wednesday. I said great.

On Tuesday night, he checked if we were still on, and I said yes.

Then he texted: “I’m flexible on time but not on location. I have a big event on Thursday, hopefully you can come to me again.”

My stomach tightened. This again?

So I texted back: “I drove to you last time, which was a bit of an exception for me especially in the early days, but the wine tasting location sounded special. Usually guys come to my area. How about we switch it up this time?”

Advertisement

He replied: “I appreciate the effort! Because of my event, I’d rather be close to a computer just if needed … Here is what i offer:
— I’ll come to your area anytime next week/end
— Lunch/dinner on me
I want to continue where we stopped last time 😉 No pressure of course, but let’s snuggle”

I responded: “Ok let’s meet next week. Snuggles sound nice … let’s see what happens …”

Then he wrote: “So I won’t see you tomorrow?”

I replied: “Unless you wanna come to me and bring your laptop along, let’s rain check until you have more flexibility.”

He said: “Dang, you are hard. I’ll let you know tomorrow around midday if it’s ok.”

Advertisement

And then — surprise — he decided to come.

He drove to Venice for a 5 p.m. date. He said his ETA was 5 p.m., and it ended up being 5:25 p.m., typical 405 Freeway.

When he showed up, he was in a cranky mood. On our way to KazuNori in Marina del Rey, I thanked him for picking me up and told him I think it’s hot when the guy comes to the girl.

“You’re just saying that because you want me to come to you more,” he said, not playfully, but aggressively.

That was basically the end for me. But there I was, in his car, heading to dinner. So I stayed pleasant and tried to make the best of it.

Advertisement

I shared that in the early stages of dating, I find it’s good etiquette for the guy to come to the woman’s neighborhood. He immediately disagreed and started ranting about how dating rules are ridiculous and how they swing in women’s favor. He resented paying for dates and declared he wasn’t looking to “sponsor a woman’s life.”

“If women want equality and equal rights,” he said, “then it should apply all across the board, including dating, and the man shouldn’t have to pay.”

I said women don’t actually have equal rights because we get paid less than men and often receive lower salaries than men in the same position.

I tried to change the subject and reset the mood, but he insisted we keep hashing it out.

I tried to explain masculine/feminine dynamics: providing and protecting, giving and receiving.

Advertisement

“What does the man get out of this arrangement?” he asked.

It was like watching someone’s personality warp into Mr. Hyde. Then he brought up another point: He’s a single dad of two kids, so he gets tired; and because I don’t have kids, that should factor into who drives where.

At this point, I was barely engaging and focused on eating my hand rolls, and I couldn’t wait to get home.

The check came, and I happily split it, wanting nothing further from him.

In the car back to my place, he remarked: “It’s obvious we’re never gonna see each other again.”

Advertisement

Obvious, but did it need to be stated?

Then he showed me a Spotify playlist he’d made for me of his favorite electronic music, because he knows I like EDM.

“Oh, that’s sweet,” I said.

“Yeah, that’s how I show interest. Through things like this, not who drives to who,” he replied.

When I got out of the car, we wished each other luck, and I headed inside and shut the door.

Advertisement

Two hours later, he sent me the playlist. I’ve yet to listen to it.

It wasn’t the distance that ruined it. It was the resentment. I’m not looking for a man who feels burdened by the effort. I’m looking for a man who sees the value of courting a woman in the first place.

The author is a writer, comedian and former psychologist who lives in Venice. She is the creator of the new vertical series “Manfari.” She’s on Instagram: @solange_neue and @manfari.show.

L.A. Affairs chronicles the search for romantic love in all its glorious expressions in the L.A. area, and we want to hear your true story. We pay $400 for a published essay. Email LAAffairs@latimes.com. You can find submission guidelines here. You can find past columns here.

Advertisement

Continue Reading

Lifestyle

Smithsonian chief emphasizes ‘accuracy and integrity’ after White House report

Published

on

Smithsonian chief emphasizes ‘accuracy and integrity’ after White House report

Lonnie Bunch III is the 14th Secretary of the Smithsonian. He’s pictured above in September 2017.

J. Scott Applewhite/AP


hide caption



toggle caption

Advertisement

J. Scott Applewhite/AP

In a memo addressed to staffers sent Tuesday, the secretary of the Smithsonian, Lonnie G. Bunch III, defended the institution after the White House issued a 162-page report that characterizes the National Museum of American History as a place which has become “subject to institutional capture by a radical, activist ideology that is fundamentally opposed to telling the noble, honest story of the great country we know and love.”

In his email, which NPR has obtained, Bunch wrote in part: “While there will always be room for improvement, this report is not a fair characterization of the work and totality of the National Museum of American History. At the Smithsonian, our work is driven by scholarship, accuracy and an uncompromising commitment to tell the fullness of America’s story. As public servants and the keepers of this institution, we are charged with helping a nation find understanding, hope and clarity and as part of that duty, we are dedicated to excellence, reflection and growth.”

He continued: “We remain focused on what grounds us: a steadfast commitment to scholarship, nonpartisanship, independence, accuracy and integrity. For nearly 180 years, the Smithsonian has worked alongside partners across government — from the White House to Congress to our governing Board of Regents — guided by our enduring mission to increase and diffuse knowledge. That purpose remains: to pursue knowledge with rigor and to serve the American public with clarity and care.”

Advertisement

The White House report was issued on July 4 by the Domestic Policy Council under the title “Saving America’s Story: How Ideological Capture at the Smithsonian Institution’s National Museum of American History Erases Our Heritage.”

The council faults the National Museum of American History on a multitude of fronts, saying it underemphasized the Founding Fathers and early colonial and Revolutionary history; was not sufficiently celebratory of the country’s 250th anniversary; and that it engaged in “anti-white,” “illegal alien” and transgender activism.

It also accuses the museum of trying to “indoctrinate” teachers and students through its exhibitions, programming and teaching resources.

In the report, the council also specifically criticizes museum director Anthea Hartig, who has led the National Museum of American History since 2019 and is concurrently the president of the Organization of American Historians, calling her “an activist advancing an ideological agenda contradictory to the museum’s founding purpose of fostering patriotism.”

Continue Reading
Advertisement

Trending